Cambio de Horario

23 10 2011

Se acerca la última semana de Octubre, por lo que corresponde retrasar el reloj una horita el próximo día 30 de Octubre. Para todos está más o menos claro que el objetivo es aprovechar mejor el horario solar y así ahorrar. ¿Pero es solamente eso? ¿Hay algo más? Hoy voy a intentar desgranar un poco ésta rutina bianual a la que nos han acostumbrado.

Geográficamente, a España le corresponde el horario de Portugal, Marruecos e Inglaterra. No en balde, el meridiano de Greenwich (tomado como referencia) pasa por España (entra cerca de Monte Perdido (Huesca) en los Pirineos y sale por Denia (Alicante).

Aunque en España ya se adelanta y retrasa el reloj desde principios del siglo 20, el cambio de hora comenzó a generalizarse aunque de manera desigual a partir de 1974, cuando se produjo la primera crisis del petróleo y algunos países decidieron adelantar sus relojes para poder aprovechar mejor la luz del sol y consumir así menos electricidad en iluminación. En la actualidad, el cambio horario vigente es el que se aplica desde 1996, año en que se acordó adelantar 1 hora el reloj el último domingo de Marzo, y retrocederla el último domingo de Octubre. Ya que hasta entonces la fecha era móvil y variaba según el capricho de cada país y gobierno.

Según estimaciones del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), el ahorro en iluminación en el sector doméstico por el cambio de hora durante los meses que tiene efecto; es decir, desde final de marzo hasta final de octubre, puede representar un 5%. Si el consumo medio de una familia española es de 3.200 kWh., el ahorro sería de más de 6 € por hogar y más de 60 millones de euros para el conjunto de ellos.

A ello habría que sumar, procedente del sector de comercio y servicios, un ahorro del 3% (más de 6 millones de €) en concepto de reducción de consumo de aire acondicionado.

¿Pero no tendríamos un mayor ahorro si España adoptara el horario que realmente le corresponde (horarios de Portugal y Reino Unido)?

El 7 de Marzo de 1944, durante el Franquismo, España adoptó el calendario del Centro de Europa, un gesto que debía ayudar a acercar España a Europa. En el mismo Boletín del Estado, se anunciaba literalmente “Oportunamente se señalará la fecha en que hay que restablecerse la hora normal”. Pero esto no sucedió nunca.

Algunos expertos dicen que el objetivo era que se trabajaran más horas y otros apuntan a un gesto del Régimen de Franco de acercamiento a la Alemania Nazi y a los países bajo su influencia.

Fuera cual fuera el objetivo, ambos se cumplieron. Trabajamos más horas que el Centro de Europa y estamos en su horario. Pero lo que perdimos y por lo tanto nos separa de ellos, fue el hábito de comer a las 13h y cenar a las 19h.

¿Es posible volver al horario que nos toca? ¿En España existe la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. La cual ha publicado un manifiesto al respecto. Si consultáis en Google por Ignasi Buqueras, encontraréis varias entrevistas que se le han hecho al respecto.

Volviendo al hecho del cambio de horario, a nivel Europeo, el cambio horario se aplica con carácter indefinido desde el enero de 2001. Dicha Directiva está incorporada al ordenamiento jurídico español por Real decreto 236/2002, del 1 de marzo.

El carácter indefinido de la aplicación del cambio de hora se ha adoptado por entenderse que “el buen funcionamiento de algunos sectores, no sólo el de los transportes y las comunicaciones, sino también otros ramos de la industria, requiere una programación estable a largo plazo”.

La Novena Directiva de obligado cumplimiento para todos los países de la Unión Europea, establece con carácter permanente las fechas de inicio y fin del periodo, en las cuales (adelantamos el reloj 1 h. el último domingo del mes de marzo a las 2h. AM) y (retrasamos el reloj 1 h. el último domingo del mes de octubre a las 3h. AM).

Un saludo,

Caixa o Faixa

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Los Mares del Sur

7 10 2011

Cada semana nos dicen que Grecia se va a hundir, cada quince días hay un banco que debe ser rescatado y cada mes hay un gurú de la economía que empeora las previsiones de recuperación.

Con este panorama, esta semana he decidido echar la vista atrás y ver el castañazo que se dieron otros. Al menos, me hace sentir mejor el ver que continuamos siendo humanos y que continuamos tropezando con la misma piedra una y otra vez.

La Burbuja de los Mares del Sur

En 1720 estalló una crisis en Gran Bretaña considerada uno de los primeros cracks de las historia.

La Compañía de los mares del sur (South Sea Company), fundada en 1711 logró el monopolio sobre el comercio con las colonias españolas en América. Lo que le garantizaba ser la única compañía que podría realizar el circuito comercial de la época:

Comprar esclavos en la costa Africana a cambio de armas, telas, y productos de escaso valor y calidad. Estos esclavos se vendían en las Antillas para proveer de mano de obra a las plantaciones de cacao, algodón o a las minas de plata del continente. El retorno a Europa era con cacao, algodón, índigo, café…

La compañía, a cambio, aceptó cambiar diez millones de libras en bonos del tesoro contra las acciones a una tasa de interés del 6%, lo que equivalía a una renta perpetua para los inversores.

El primer viaje comercial hacia América tuvo lugar en 1717, pero la ganancia fue poca. En 1718, las relaciones entre España y Gran Bretaña se deterioraron, lo que ensombreció las perspectivas de la compañía. En situación prebélica, el comercio sufre graves pérdidas. Pero aun así, seguían manteniendo que la inversión y el proyecto eran inmensamente provechosos a largo plazo.

Aun y así, la compañía divulgó rumores cada vez más extravagantes sobre el valor potencial de su comercio con el Nuevo Mundo, lo que tuvo el efecto de desatar la especulación. Las acciones subieron rápidamente, pasando de 128 libras en enero de 1720 a 550 a finales de mayo.

La compañía obtuvo la licencia real para comerciar en exclusiva de manera que su atractivo aumentó y sus acciones llegaron a las 890 libras a principios de junio. Este pico incitó a algunos inversores a vender. Pero los directores de la compañía ordenaron a sus agentes comprar títulos para así evitar la que el valor bajara por debajo de las 750 libras.

El rápido aumento del valor de la acción provocó un frenesí especulativo por todo el país. Los inversores se interesaron por Los Mares del Sur, pero también por otras acciones. A principios de agosto la cotización alcanzó las 1.000 libras, y la tendencia cambió bruscamente.

Otras burbujas estallaron al mismo momento en Ámsterdam y París y aceleró la caída de la cotización. La crisis se propagó a los bancos. Entre los accionistas que se arruinaron estuvieron miembros del gobierno.

La cotización quedó en 100 libras antes del fin de año. Ante la cólera de los inversores, el Parlamento se disolvió en diciembre, y una comisión ocupó su lugar. En su informe publicado en 1721, se reveló un fraude de gran amplitud organizado por los directores de la compañía. Los directores fueron arrestados y llevados a la Torre de Londres. La mayor parte fueron desposeídos de sus bienes: así, a John Blunt no le quedaron más que 5.000 libras de las 183.000 que tenía. James Cragg se suicidó. El nuevo canciller y el primer lord del tesoro, Robert Walpole, anunciaron una serie de medidas para restablecer la confianza pública y la solvencia de la compañía.

Nota: Al menos hace casi 400 años se intentó hacer algo de justicia y no como ahora, en la que los que más responsabilidad han tenido en esta crisis, no han pagado plato alguno.

La compañía continuó con su comercio (cuando no quedaba interrumpido por la guerra) hasta el final de la Guerra de los siete años. Pero su principal función fue siempre manejar la deuda gubernamental, más que comerciar con las colonias españolas. Por lo que su razón de ser no tenía demasiado sentido.

La Compañía de los Mares del Sur continuó encargándose de administrar parte de la deuda nacional hasta que se abolió en los años 1850.

Esta Crisis tiene muchos puntos coincidentes con la crisis del Tulipán, pero un poco más compleja. Digamos que los años fueron complicando las cosas. Pero en esencia, todo parte de lo mismo.

Un saludo,

Caixa o Faixa





La Crisis del Tulipán o Tulipomanía

15 05 2011

Las crisis económicas suceden cuando pocos la esperan y a muchos sorprende (de lo contrario dudo que se las llamara crisis), pero la verdad es que todas ellas siguen un mismo patrón y que nunca sabemos ver (al menos, la mayoría).

La tulipomanía fue un periodo de euforia especulativa que se produjo en los Países Bajos en el siglo XVII. El objeto de especulación fueron los bulbos de tulipán, cuyo precio alcanzó precios insospechados, lo que llegó a provocar una burbuja económica que desembocó en una crisis financiera. Se considera uno de los primeros fenómenos especulativos de masas de los que se tiene noticia.

El Origen

Por un lado, el éxito de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y la prosperidad comercial de los Países Bajos provocó mucha confianza en los inversores. Por otro, el gusto por las flores, especialmente las exóticas, se convirtió en objeto de ostentación y símbolo de riqueza.

A su vez, y por razones que en aquel tiempo se desconocían, los tulipanes cultivados en Holanda sufrían variaciones en su apariencia, naciendo así los tulipanes multicolores, irrepetibles, lo que aumentaba su exotismo y por tanto su precio. Hoy se sabe que la causa de ese fenómeno era un parásito de la flor, el pulgón, que transmite un virus a la planta.

La Evolución del Precio

A pesar de que se intentó controlar el proceso por el cual los tulipanes monocromos se convertían en multicolores, lo aleatorio del exotismo contribuyó a elevar progresivamente el precio de cada bulbo.

En la década de los años veinte del siglo XVII el precio del tulipán comenzó a crecer a gran velocidad. Se conservan registros de ventas absurdas: lujosas mansiones a cambio de un sólo bulbo, o flores vendidas a cambio del salario de quince años de un artesano bien pagado. En 1623 un sólo bulbo podía llegar a valer 1.000 florines neerlandeses. Tened en cuenta que una persona normal en Holanda tenía unos ingresos medios anuales de 150 florines. Durante la década de 1630 parecía que el precio de los bulbos crecía ilimitadamente y todo el país invirtió cuanto tenía en el comercio especulativo de tulipanes. Los beneficios llegaron al 500% (¿veis alguna similitud con la crisis inmobiliaria en España?)

En 1635 se vendieron 40 bulbos por 100.000 florines. A efectos de comparación, una tonelada de mantequilla costaba 100 florines, y ocho cerdos 240 florines. El record de venta lo batió el Semper Augustus: 6.000 florines por un sólo bulbo.

La peste bubónica que se declaró nn 1636 diezmó a la población holandesa. La falta de mano de obra multiplicó aún más los precios. Tal fue la locura, que se creó un mercado de futuros, a partir de bulbos aún no recolectados. Ese fenómeno fue conocido como windhandel, “negocio de aire”, y se popularizó sobre todo en las tabernas de las pequeñas ciudades. Ante las dificultades de ejecución contractual que generaba este fenómeno, un edicto estatal había prohibido este tipo de negocio. Pese a la prohibición, los negocios de este tipo continuaron entre particulares. Los compradores se endeudaban y se hipotecaban para adquirir las flores, y llegó un momento en que ya no se intercambiaban bulbos sino que se efectuaba una auténtica especulación financiera mediante notas de crédito. Se publicaron extensos y bellos catálogos de ventas, y los tulipanes entraron en el Mercado de Valores. Todas las clases sociales, desde la alta burguesía hasta los artesanos, se vieron implicados en el fenómeno.

Anécdota de la época:
Un rico mercader había pagado 3.000 florines por un raro tulipán Semper Augustus, y éste desapareció de su depósito. Tras buscarlo vio a un marinero (que había confundido el bulbo con una cebolla) comiéndose el tulipán. El marinero fue detenido de inmediato y condenado a seis meses de prisión. 

Final de la burbuja

El 5 de febrero de 1637, un lote de 99 tulipanes de gran rareza se vendió por 90.000 florines, fue la última gran venta de tulipanes. Al día siguiente se puso a la venta un lote de medio kilo por 1.250 florines sin encontrarse comprador. Entonces la burbuja estalló. Los precios comenzaron a caer en picado y no hubo manera de recuperar la inversión: todo el mundo vendía y nadie compraba. Se habían comprometido enormes deudas para comprar flores que ahora no valían nada. Las bancarrotas se sucedieron y golpearon a todas las clases sociales. La falta de garantías de ese curioso mercado financiero, la imposibilidad de hacer frente a los contratos y el pánico llevaron a la economía holandesa a la quiebra.

Como se puede apreciar, el patrón es el mismo que el del Crack de 1929 en Estados Unidos o el de la Crisis Inmobiliaria del 2009 en España. Lo resumo en 3 puntos:

  • Subida incontrolada de precios sobre algo que realmente no vale lo que se está pagando
  • Como todo el mundo se lo cree, se da por bueno y se genera un optimismo que invita a endeudarse para comprar
  • Con el tiempo, entra una nueva variable en el juego que cambia alguna norma del juego y los precios se desploman

Y no nos engañemos, cuando empieza una crisis, afecta tanto a ricos como pobres.

Por cierto, en la película Wall Street 2 – El Dinero Nunca Duerme – hay una escena donde representan la crisis de las subprime con un cuadro de la Crisis de los Tulipanes (1h 44′ 45″). Simplemente genial.

Un saludo,

Caixa o Faixa





Los Funcionarios

16 04 2011

¿Os habéis preguntado nunca el origen del funcionariado?  ¿Su finalidad inicial? Esta semana, mi colaboradora AIRUN, Licenciada en Ciencias Políticas y Máster en Políticas Sociales nos ha preparado un post que nos aclarará a la mayoría muchas cosas.

Un saludo,

Caixa o Faixa

Seguro que en un momento u otro habéis oído hablar de los informes que encargan las Administraciones Públicas a consultorías privadas para que les preparen informes o estudios. ¿Son estos estudios justificados? Valen el precio que se cobra por ellos?

Hoy más que nunca se habla de la necesidad de reducir y adelgazar la Administración Pública.  

La crisis económica ha vuelto a poner “de moda” y con mayor difusión y fuerza que nunca las demandas de reordenación de la Administración con despidos de funcionarios públicos, recortes salariales, privatización de servicios públicos, etc. 

Y cabe señalar que éste no es un fenómeno estrictamente español sino que otros países de nuestro entorno más próximo están estudiando y algunos implementando medidas similares: casos como los de Irlanda, Inglaterra, Grecia, Italia son claros ejemplos,

No es nada nuevo y a nadie se le escapa, que la Administración Pública padece graves déficits, anomalías y disfuncionalidades. Para entender algunos de estos desajustes tenemos que echar la vista atrás y hacer un poco de historia:

El modelo funcionarial nació con el estado de derecho con el objetivo de crear un cuerpo de profesionales que garantizase y asegurase el cumplimiento de las leyes y de las normativas. De esta manera se pretendió poner límites a la acción de los cargos electos para que éstos no pudiesen hacer y deshacer a su antojo. Así pues, se creó una estructura de profesionales protegidos por la ley y blindados por una serie de privilegios, como el de gozar de un puesto de trabajo garantizado, para que se responsabilizasen del cumplimiento del estado de derecho y estuvieran salvaguardados de los vaivenes políticos.

Con el inicio del estado del bienestar, en Europa a partir del año 1945 y en España mucho más tarde, el gasto público se disparó porque se invirtió una gran cantidad de recursos en equipamientos y servicios. En ese momento el estado asumió principalmente una función de gestor y proveedor de servicios públicos. El gran error fue que la gestión de estos servicios se hizo a partir del cuerpo de funcionarios públicos que no estaba ni preparado ni concebido para este cometido.

Posteriormente, y siguiendo con la referencia histórica, se popularizó el llamado modelo “gerencial” que se inició a finales de la década de los ochenta y que defendía que las Administraciones Públicas debían imitar la gestión de las empresas privadas. En este sentido, se optó por dar más protagonismo a los empresarios/as y se hizo una importante apuesta por el fomento de la contratación externa de servicios públicos.

La justificación del impulso de este modelo se basó, entre otros argumentos, en la voluntad de no malgastar el dinero de la ciudadanía; pero provocó serios problemas como convertir al ciudadano/a en mero cliente o usuario, generar un mayor descrédito y desconsideración del concepto de servicio público y un importante desprestigio para los profesionales de la Administración. 

Parece claro que la función primigenia que tenían que asumir los funcionarios públicos y para lo que se crearon no se ajusta a la realidad actual.

Es incuestionable que algunos de los profesionales de “lo público” cuentan con una gran trayectoria y bagaje profesional y tienen una valía incuestionable pero también es cierto que muchos otros no tienen más mérito que el de haber aprobado unas oposiciones. El hecho que este tipo de funcionarios, las responsabilidades de los cuáles nada tiene que ver con el garantizar el estado de derecho sino la gestión y provisión de servicios, ostenten y mantengan estos privilegios provoca graves desajustes.

El más evidente es la baja productividad y, en algunos casos, la poca experiencia y calificación de algunos funcionarios que provoca que muchas administraciones no puedan desarrollar sus planes o estrategias en el interno de la organización y tengan que recurrir a empresas externas que les ayuden a solventar el problema.

Como conclusión, se desprende que el actual modelo de Administración Pública requiere de una reflexión entorno a la necesidad de una mejor estructuración, profesionalización y motivación de los empleados públicos (construir sistemas de incentivos, etc.) para garantizar un funcionamiento eficaz y eficiente de las instituciones y que de respuesta a las necesidades, cada vez mayores y más complejas, de la ciudadanía.





La Acción de Oro

13 03 2011

Esta semana no me voy a centrar en la actualidad económica, no sabría por donde empezar. Por lo que prefiero centrarme en un concepto que algunos quizás hayáis oído antes, la “Acción de Oro”.

La Acción de Oro es el as que los gobiernos se han guardado en la manga cuando han privatizado empresas públicas. Mientras la mano derecha vendía, la mano izquierda se guardaba el derecho de poder decidir sobre las cosas importantes de aquello que se acababa de vender. Os pongo un ejemplo tontorrón:

Renault os vende un coche, y cuando decidís cambiarle las llantas, renovar neumáticos o venderlo, viniera Renault y no os dejara hacerlo. ¿Las razones? Ninguna.

El origen de “La Acción de Oro” y de los derechos especiales que ésta tiene se remonta al inicio de 1990 a la vera de la fiebre privatizadora que invadió la Unión Europea. Eran aquellos tiempos en los que gobiernos y empresas públicas tenían que romper lazos y por lo tanto muchas empresas hasta el momento públicas debían privatizarse. Empresas de telefonía, eléctricas, distribuidoras de agua, bancos, tabacaleras… eran vendidas por los gobiernos a aquellos que pudieran o quisieran comprar. Los Gobiernos europeos eran entusiastas a la hora de ingresar las ganancias derivadas de la venta de las grandes compañías de las que eran propietarios, pero se mostraban reacios a ceder su control a los nuevos propietarios privados. Por ello, algunos Gobiernos se reservaron una única acción, que llamaron Acción de Oro. Esta acción otorgaba un poder enorme al gobierno, ya que le permitía derechos exclusivos sobre determinadas operaciones estratégicas como el nombramiento por decreto de buen número de miembros del Consejo de Administración y altos ejecutivos de las empresas, acuerdos de fusión y adquisición o los de asociación con otras empresas.

La mera existencia de la Acción de Oro era una contraposición a la privatización de las empresas. El deseo de vender y cobrar se contraponía con el de mantener el control de las empresas. Esto chocaba con las intenciones de las Directivas de la Unión Europea. Y así lo hizo valer la Comisión Europea en su Comunicación de 1997 en la que defendía la incompatibilidad de la Acción de Oro con el Tratado de Roma y su filosofía del mercado único.

También el Tribunal de Justicia europeo condenó las acciones de oro en las sentencias dictadas en 2002-2005. En ellas siempre concluyó que, salvo excepciones, restricciones impuestas por algunos Gobiernos eran contrarias al derecho comunitario.

En la gran mayoría de casos, el tribunal siempre ha dado la razón a la Comisión Europea y condenado a los Estados miembros a rectificar sus legislaciones nacionales. No obstante, Gobiernos como el portugués o italiano han aducido hasta hace pocos años a un pretendido interés público que intentaron justificar por la naturaleza estratégica de los sectores considerados. Sin embargo, lo que no cuentan al ciudadano, y queda siempre entre bastidores, es el entramado político de poder a cuyos intereses quieren servir los Gobiernos. Lo que se traduce en mantener el poder político de los Gobiernos en los Consejos de Administración de estas empresas privadas. Además existe la resistencia del nacionalismo económico en aceptar que empresas nacionales emblemáticas qua han sido un símbolo de país puedan pasar a manos extranjeras.

Hay dos argumentos jurídicos que podrían eventualmente justificar la intervención del Gobierno para vetar una venta de una empresa estratégica para sus intereses. Primero, el artículo 323 del Tratado que establece que los Estados miembros tienen poder exclusivo para fijar qué debe ser privado y qué público dentro de su propio territorio. Pero cuando ya se ha privatizado una empresa, el gobierno no puede impedir una posterior venta. Segundo, si el Gobierno invoca que la telefonía (por ejemplo) es un bien vital y que ello le da poder o incluso le obliga a intervenir, el Tribunal podría preguntarle por las razones que le llevaron a privatizar la empresa. Incluso podría añadir que, si los riesgos son tan elevados, la renacionalice para así poder hacer lo que considere necesario. Una vez en la esfera del mercado, sin embargo, ha de atenerse a las reglas establecidas para todas las empresas por el Tratado de la UE. O sea, que los gobiernos pueden decidir si privatizan o no, pero no quedarse con ambas. Vender y mantener el control.

En los últimos años los Gobiernos europeos han ido renunciando progresivamente a la Acción de Oro sobre las empresas privatizadas y han optado cada vez más por la legislación ordinaria. Pero esto hay que agradecerlo a las resoluciones del Tribunal de Justicia de la UE, que ha declarado ilegales la mayoría de las acciones de oro por considerarlas un obstáculo a la libre circulación de capitales, a las inversiones transfronterizas y al buen funcionamiento del mercado interior.

En el caso de España, las últimas Acciones de Oro expiraron hace relativamente poco, Repsol expiró el 2006, Telefónica el 2007 y Endesa el 2008.

Paralelamente a todos estos movimientos que se han ido dando los últimos 20 años, se ha ido desarrollando un marco reglamentario que permite a los Estados miembros utilizar medios mucho más previsibles y transparentes para asegurarse de que las empresas cumplen con sus obligaciones de interés general.

Porque no nos engañemos, es de interés de todos nosotros que ciertos sectores estén bajo la tutela estatal pero bajo una gestión privada.

Un saludo,

Caixa o Faixa





La Crisis Medieval por Xavier de Nouveaux Quartiers

9 01 2011

Hoy no seré yo el autor de este  post. Esta semana cuento con la colaboración de Xavier, quien ha aceptado colaborar con esta interesante narración de un tiempo que fue y que nos debiera ayudar a entender el hoy y el mañana.

Caixa o Faixa

Antes de empezar me gustaría presentar a los lectores de este espectacular blog y agradecer a nuestro querido blogmaster su invitación para escribir una pequeña reseña sobre los acontecimientos que estamos viviendo desde mi espacio-tiempo.

Voy a hablarles de una época en la que los hombres son muy hombres y las mujeres también parecen hombres, una época en la que los problemas se resuelven a golpe de espada y nuestros ingresos para la gran mayoría solo dependen de nuestro esfuerzo y nuestra lealtad al señor feudal. Sí, están ustedes en lo cierto, voy a hablarles de la Edad media.

Vivimos tiempos de cambio, tiempos difíciles para los pequeños agricultores y teniendo en cuenta que formamos más del 73% de la población, esto supone un gran problema. Nos encontramos en el año del Señor de 1510 y los historiadores llevan hablando de “los malos años” desde 1301.

[…] fue en toda la tierra muy grand fambre; é los omes moriense por las plazas é por las calles de fambre, e fue tan grande la mortandad en la gente, que bien cuidaran que muriera el cuarto de toda la gente de la tierra; e tan grande era la fambre, que comían los omes pan de grama…” (Crónica de Fernando IV)

Nuestra economía se basa en la producción agrícola, los gremios se encuentran en las ciudades, pero estas aun no tienen la fuerza suficiente para centralizar el poder. El campo se gestiona mediante feudos y durante los últimos años muchos campesinos han decidido emigrar a las ciudades huyendo de los denominados “malos usos” ejercidos por los señores feudales.

Vivimos permanentemente sujetos a las condiciones climatológicas y durante el S. XIV estas fueron realmente duras. Las sequías persistentes, el agotamiento de la tierra, las crisis de subsistencia, las guerras y las pestes habían socavado la economía y diezmado la población en más de un 38%.

Los pequeños y medianos campesinos son los que más sufrieron la crisis ya que muchos no pudieron soportar la inflación y la mayor presión fiscal sobre las tierras. Este hecho favoreció la reestructuración del campo y el primer paso hacia la época en la que me encuentro yo. Los llamados “concejos” eran asociaciones de campesinos cuyo presidente era el señor feudal, estos concejos reclamaron a los monarcas una reducción de la presión fiscal al no poder pagar las tasas y evidentemente, los monarcas se negaron ya que las arcas reales no estaban para muchas fiestas. En las ciudades durante el S.XIV se estaba gestando el germen de un nuevo estamento social, la burguesía. Antes, cuando todo era oscuro y los países eran gobernados por el honor y la sangre, sólo existían tres estamentos sociales, la nobleza, el clero y el campesinado. Durante el S.XIV y favorecido por las constantes guerras entre monarquías, hábiles y despiertos ciudadanos de las ciudades vieron en el negocio de las manufacturas y en la importación y exportación de bienes un filón para enriquecerse, siempre que la guerra de turno no asolara su país, claro. Este nuevo estamento seria el principal comprador de las tierras que se iban abandonando y las realquilaban a los campesinos que se quedaban.

Para empezar con la recuperación económica, estos burgueses olvidaron el monocultivo cerealista imperante en la época para repartirlo en diferentes usos, el arrendamiento, la aparcería etc. Muchos, con una visión de futuro espectacular, cambiaron el uso de los campos para la cría de ovejas ya que la lana se convirtió en un gran bien de consumo perfectamente exportable.

Después de todas estas idas y venidas económicas llegamos a mi ciudad. Las ciudades del s. XVI ya están bastante pobladas, el aumento del comercio ha despertado en los monarcas una vocación centralizadora y esto les ha obligado a disponer de una corte para administrar la riquezas (lo que me parece que vosotros llamáis ministerios) y de una burocracia que controle mejor a la población (¿Esto me parece que es lo mismo no?).

Nosotros, mi familia, en el campo donde vivíamos no necesitábamos nada, éramos autosuficientes y los pocos intercambios que hacíamos eran por bienes como aceite o algún animal de granja. Desde hace unos años nos mudamos a la ciudad en busca de una vida mejor, pero aquí necesitamos de todo. Con lo cual, lo que antes se derivaba al señor feudal, ahora se vende en las ciudades. Este hecho ha conseguido la recuperación económica del país. A parte la población de la ciudad cada vez más rica ha empezado a demandar otros bienes tales como muebles o joyas que han conseguido aumentar l comercio en el mercado nacional e internacional.

Cuando nos establecimos aquí, no sabíamos literalmente nada de nada, éramos analfabetos. Al no tener que trabajar 24 horas al día en el campo, pudimos dedicar parte de nuestro tiempo a otras cuestiones. Entre ellas nos empezamos a interesar por otras cuestiones como el aprendizaje en la lectura y la escritura y desde que Johannes Gutenberg inventó la imprenta, nuestra biblioteca ha aumentado considerablemente. Estas cuestiones han creado una nueva civilidad, una nueva manera de concebir lo que nos rodea, me parece que le llaman humanismo. La verdad es que últimamente me siento como más libre, como si la iglesia ya no tuviera tanto poder sobre la población, bueno ya veremos como acaba todo esto.

Ah, por cierto, tengo unos amigos, una familia burguesa como nosotros, que el otro día me hablaron sobre un nuevo negocio que al parecer está en alza en otros lugares, le llaman “bancos” y se dedican a “vender dinero” . Si fueran tan amables, me podrían relatar sus experiencias para aconsejar a estos conocidos míos sobre el negocio, aunque si mi instinto no me falla, tiene pinta de que seguramente les vaya muy bien.

Para acabar, déjenme que les recite un antiguo poema aquí, a la luz de un candil desde otro tiempo:

Los panes todos comidos,
y los vedados pacidos,
y aun las huertas de la villa:
tal estrago en esperilla
nunca vieron los nacidos.

Las ciudades son tornadas
rastros e degolladeros,
los caminos e senderos
en despojos a manadas.

Los menudos van perdidos,
los corazones caídos
dan señal de maravilla;
en España y su cuadrilla
grandes daños son venidos.

Xavier de Nouveaux Quartiers





El Patrón Oro

14 11 2010

Esta semana pensaba colgar el post Reducción de Ingresos -> Acciones Inmediatas, pero me sorprendió durante la cena de lunes la siguiente noticia:

Zoellick propone volver al Patrón Oro para las paridades de monedas.

¡Notición! Para la mayoría de lectores, les sonará a chino quién es el señor Zoellick y a hebreo qué debe ser eso del Patrón Oro. Empezaré por el señor Zoellick.

El señor Robert Bruce Zoellick es el presidente del Banco Mundial, organismo del que hablaremos otra semana. Formaba parte de la última administración Bush y fue colocado a dedo por éste mismo como Presidente del Banco Mundial. Por lo que he leído, tiene currículum suficiente para serlo, pero no deja de ser interesante ver como se ocupan estos cargos de tanta responsabilidad e importancia.

Por otro lado, el Patrón Oro tiene mucha más miga. Hay innumerable bibliografía que explica la historia del Patrón Oro, sus crisis, sus vaivenes y reglas de funcionamiento. Al final del post indicaré bibliografía al respecto, pero doy fe de que es infinitamente aburrida. Por lo que me he propuesto resumir en unas líneas el concepto básico.

Fue en Europa Occidental donde se implantó un sistema que intentaba respaldar con oro los billetes y monedas que había en la calle. De manera que el Banco Estatal (o el estado) garantizaba al portador de billetes y monedas una cierta cantidad en oro (países menos ricos lo hacían con la plata). Cuanto más oro tenía un país, más moneda podía poner en la calle.

Este sistema funcionó con sus más y sus menos a lo largo de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Pero el Crack del 29 y la segunda Guerra Mundial, hirieron de muerte a éste sistema. Con la crisis, el Patrón Oro implicaba ciertas rigideces y protocolos que iban en contra de las acciones que se querían tomar para salir de ella. Y con la Segunda Guerra Mundial, los países implicados en la Gran Guerra tuvieron grandes necesidades de dinero para comprar materias primas, armas, víveres… por lo que agotaron sus reservas de oro y se vieron obligados a imprimir billetes sin oro que lo respaldara. Por lo que se pasaron por el Arco del Triunfo eso de emitir tantos billetes como oro tuvieran en sus arcas.

La caída del Patrón Oro no fue tan sencilla como muestro, pero se resume así más o menos.

Algo que caracterizó al Patrón Oro, es que sólo los países más ricos lo mantenían (Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia, Australia, EE.UU…), los considerados de segunda división mantenían una dualidad con la plata y el oro. Y los países pobres hacían lo que podían, como ahora, vaya.

Como muestra de esta paridad billete-oro, he colgado la imagen de un billete de 100$ en el que se lee el mensaje “El Tesoro de los Estados Unidos pagará 100$ en monedas de oro al portador”. Y un par de curiosidades, dos billetes de 100 pesetas cada uno. En ellos hay escrito “El Banco de España pagará 100 pesetas al portador”. A lo que uno se pregunta, si alguien iba al Banco de España con un billete de 100 pesetas le daban a cambio otras 100 pesetas? ¿Menuda tontería, no? Esto tiene una explicación, es una manera de mantener el espíritu de los billetes más antiguos (de los que no he conseguido imagen) en los que el mensaje era más o menos “El Banco de España pagará 1 peseta en oro al portador”.

100$                     
100 pta Becker      
100 pta Falla          

Volviendo a la noticia que casi me provoca un corte de digestión en la cena del Lunes, deciros que el Presidente del Banco Europeo y algún que otro líder mundial han contestado que ni en broma vuelven ellos al Patrón Oro. Por lo que podéis respirar tranquilos por ahora.

Pero ni todo es blanco ni es negro. La idea del señor Robert Bruce Zoellick es poner freno a la guerra de divisas que hay en estos momentos y que no auda a salir de la crisis mundial. Por un lado el dólar pierde poder en el mundo, los chinos no quieren que el Yuan tenga el valor de mercado que le corresponde y los Europeos están tan orgullosos de su euro encarecido para poder viajar al extranjero que no se dan cuenta de la que les puede caer encima.

El Patrón Oro sufrió su crisis, el sistema de ‘libre mercado’ de divisas que tenemos ahora también tiene su crisis particular y futuros sistemas también tendrán sus propias crisis. Por lo que no es descabellado que se planteen caminos a tomar para mejorar lo presente (aunque algunos planteen volver al pasado).

Caixa o Faixa

Bibliografía:
Eichengreen, B. La globalización del capital. Historia del sistema monetario internacional. Pág. 9-62. Ed. Antonio Bosch, Barcelona, 2000. ISBN 84-85855-95-7
Lectures d’Història Econòmica Mundial. Pág. 253-268. Ed. Universitat de Barcelona 1993. ISBN 84-475-0453-0